Esta historia ocurrió hace poco más de un año. Mi hijo había perdido un juguete en el patio del jardín de infancia y me pidió que lo buscara.
Sin pensarlo mucho, después del trabajo me dirigí al patio del jardín de infancia para buscar el objeto perdido. Estaba terminando la primera hora de búsqueda del preciado tesoro entre la hierba; no puedo llamarlo de otra manera, porque era mejor no aparecer en casa sin el juguete 😁
Se me pasaban muchas cosas por la cabeza en ese momento. Me vino a la mente una asociación particular con personas que realizan ciertas acciones en los jardines buscando diversos tipos de sustancias... Ya era tarde y no era muy difícil despertar sospechas con mis acciones ante los transeúntes atentos o el vigilante del jardín de infancia.
Mientras seguía escaneando minuciosamente la densa vegetación del patio, mi mirada se desplazó hacia el cenador donde los niños suelen pasar su tiempo libre durante los paseos, o más bien, hacia la base de este cenador. Y de repente... mis terminaciones nerviosas empezaron a enviar señales de alarma caóticas al cerebro sobre lo que estaba ocurriendo: de los 10 pilares de soporte del cenador, 6 presentaban signos de corrosión profunda y literalmente se transparentaban a la luz.

Miré los cenadores de las áreas vecinas: el panorama era el mismo. Los cenadores se pintaban con una periodicidad envidiable cada año, pero nadie prestaba atención, o fingía no prestarla, a los defectos de las estructuras metálicas de soporte.
Registré todo este desorden con mi teléfono y luego comenzaron unas largas y penosas negociaciones, primero con la maestra del grupo y después con la directora de la institución. No describiré por qué medios convencí, persuadí, insistí y obligué al personal del jardín de infancia a reconocer, para empezar, la existencia de defectos en la estructura del cenador y, posteriormente, a tomar todas las medidas necesarias para eliminarlos. Solo diré que me tomó más de un mes de conversaciones. Y luego, la administración del jardín de infancia necesitó otro mes más para solucionar las fallas detectadas. Se desmontaron por turnos las secciones de los soportes que estaban en mal estado, se reemplazaron por secciones nuevas y se procedió a su posterior hormigonado.
Fotos de los soportes después de la reparación Como resultado: el cenador de nuestro grupo es ahora un modelo de orden y una zona de alta seguridad. Podrá resistir cualquier fenómeno meteorológico durante muchos, muchos años.
Lo que puedo destacar especialmente es que el problema se resolvió a nivel local, sin airear los trapos sucios fuera de casa, o al menos no más allá del territorio del jardín de infancia.
La moraleja de esta historia es: ¡no ignores los peligros! De lo contrario, tendremos todas las posibilidades de ser testigos, o incluso víctimas, de las tragedias que nos acechan en nuestra vida cotidiana...
P.D. ¡El juguete fue encontrado y entregado en manos seguras!)