El problema de la eliminación y el uso de subproductos animales (SPA) es uno de los temas más críticos para las grandes empresas agrícolas. Cada año, los holdings agrícolas generan millones de toneladas de efluentes de estiércol, que tradicionalmente se utilizan como fertilizantes orgánicos. Sin embargo, este proceso natural conlleva enormes riesgos ambientales y financieros. En el centro del problema se encuentra el nitrógeno, un elemento crucial para el crecimiento de las plantas que, al descomponerse de forma incontrolada en el suelo, se convierte en nitratos, lo que puede dar lugar a multas multimillonarias por parte de los organismos reguladores.
Durante el seminario web, Andrey Andrianov, director del Departamento de Control de Producción del holding Sibagro, analiza en detalle un caso práctico sobre la creación de un sistema seguro para el manejo de fertilizantes orgánicos. Utilizando el ejemplo de una empresa que genera alrededor de 7 millones de toneladas de efluentes de estiércol al año, el ponente muestra cómo tomar el control de procesos biológicos impredecibles y proteger a la empresa de reclamaciones medioambientales.
El problema clave radica en las normativas obsoletas y la imprevisibilidad del proceso de nitrificación. Las normas sanitarias establecen un límite estricto para el contenido de nitratos en el suelo: 130 mg/kg. Esta norma, establecida en la década de 1990 en condiciones de escasez de fertilizantes y bajo rendimiento de los cultivos, no se ajusta a las realidades modernas de la producción agrícola de alto rendimiento.
El nitrógeno del estiércol se encuentra en forma orgánica, inaccesible para las plantas. Su transición a una forma mineral asimilable (nitrificación) se desencadena cuando el suelo se calienta a 25 grados, en presencia de oxígeno y suficiente humedad. Cualquier laboreo agrícola provoca este proceso. Como resultado, el nivel de nitratos puede aumentar drásticamente, lo que formalmente constituye una violación de la legislación medioambiental. El ponente señala que es precisamente debido a estos picos incontrolados en áreas relativamente pequeñas (de 30 a 150 hectáreas) que se pueden generar daños potenciales estimados en decenas de miles de millones de rublos.
Para resolver el problema, la empresa implementó un plan de acción a gran escala que consta de varias etapas clave. Cada decisión se basó en investigaciones prácticas y en la modernización tecnológica.
Las soluciones tecnológicas resultaron insuficientes sin cambiar las reglas del juego a nivel estatal. La presentación examina en detalle la experiencia de promover iniciativas legislativas. El problema era que para los fertilizantes minerales existía una norma estatal (GOST) que prohibía el muestreo del suelo durante los dos meses posteriores a la aplicación, mientras que para los fertilizantes orgánicos no existía tal moratoria. Los organismos reguladores podían registrar la "contaminación" directamente detrás del tractor.
Gracias al trabajo sistemático con los ministerios pertinentes, fue posible lograr modificaciones en la norma GOST, estableciendo una moratoria de dos meses para el muestreo después de la aplicación de materia orgánica. Además, se estableció una clara separación legislativa entre los conceptos de agroquímicos y subproductos animales, y el control sobre las tierras agrícolas se consolidó en el área de responsabilidad del departamento correspondiente.
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