Durante varios años consecutivos, mi esposo y yo hemos pasado los fines de semana de verano pescando en el río Tom. Conocemos cada curva, cada lugar prometedor para la perca. Pero a lo largo de los años ha surgido otra tradición, menos romántica, pero sumamente importante. Antes de lanzar la caña al agua, tomamos una bolsa de basura grande y recorremos la orilla.
El río Tom es fuerte y hermoso, pero no es todopoderoso. No puede extraer por sí solo de sus aguas las botellas de plástico, las bolsas de polietileno y los envoltorios que dejan los "veraneantes". Y se deshace de esta carga como puede, arrojando la basura a la orilla durante las crecidas o simplemente arrastrándola hacia la zona ribereña. Es imposible ver esto sin sentir tristeza e indignación.
Pero esta basura no es solo un problema estético. Es un asesino silencioso de la flora y fauna locales. El plástico, que tarda siglos en descomponerse, libera microplásticos y toxinas en el agua y el suelo. Los peces y las aves lo confunden con comida, lo que les causa la muerte. Las bolsas enredadas en las algas alteran los niveles de oxígeno. Las botellas de vidrio contaminan el suelo. Venimos en busca de pesca y tranquilidad, pero ¿qué dejamos a cambio?
Nuestro pequeño ritual no es una hazaña heroica, sino simple conciencia ambiental. Queremos que dentro de diez años nuestros hijos puedan venir aquí y no ver un vertedero, sino un río majestuoso y limpio.
Las reglas de nuestra presencia en la orilla, que no son más difíciles que hacer un nudo de pesca:
Lleva contigo una bolsa. No solo una para la comida, sino una segunda para la basura. La tuya y, de ser posible, la de los demás.
Llévate todo contigo. No entierres ni quemes la basura: esto causa aún más daño al suelo y al aire.
Protege la vegetación ribereña. Fortalece la orilla y es el hogar de numerosos organismos.
Usa detergentes solo en caso de extrema necesidad y lejos del agua. Recuerda que todo esto termina en el río.
El deporte aficionado y el descanso en la naturaleza no se tratan solo de actividad física, sino también de responsabilidad. Responsabilidad por el lugar que nos brinda fuerza y alegría. Tratemos a nuestra naturaleza como se merece: con cuidado y respeto. ¡Solo así seguirá siendo fuerte y hermosa durante muchos siglos más!