Nuestros colegas de HSE y yo valoramos profundamente a los líderes que dedican años a construir una cultura de seguridad: en comités, recorridos de inspección y análisis detallados de las causas de los incidentes. Es una labor inmensa que crea una reserva de resiliencia para la empresa. 💎
La energía de estas personas impulsa la cultura corporativa a ascender paso a paso. Sin embargo, si un líder decide de repente «hacer una pausa» y reducir la «presión de gestión», esta cultura puede desmoronarse con la facilidad de una piedra que cae por una montaña.
El «momento de la verdad» para un líder llega cuando el «clima económico» cambia y se desata la tormenta.
En un intento por mantener el barco a flote, surge la tentación de arrojar por la borda todo lo que parezca costoso o «secundario». Lamentablemente, a veces la seguridad es lo primero en pasar por la guillotina. Esta ilusión es peligrosa.
Al sacrificar una de ellas, inevitablemente perdemos todas las demás.
Al sacrificar la seguridad en favor de un ahorro inmediato, el líder desencadena una reacción en cadena:
En periodos de turbulencia económica, es necesario transitar hacia una estrategia de mantenimiento de la seguridad al «nivel precrisis»; no se trata de los costes, sino ante todo del nivel alcanzado en disciplina operativa y procesos tecnológicos. Esto permite definir correctamente las prioridades y optimizar esfuerzos y recursos, concentrándolos en programas vitales y riesgos clave.
Desarrollar e implementar tal estrategia no es tarea fácil. Para resolverla se necesitan profesionales; incluso en el clima más «tormentoso», es fundamental preservarlos. Ellos ayudarán a mantener el «barco» a flote y a devolverlo al rumbo del desarrollo sostenible tan pronto como sea posible. 🚀
La tormenta económica amainará tarde o temprano, los tipos de interés se normalizarán, los mercados se recuperarán y los volúmenes de ventas volverán a subir. Pero la «tormenta» dentro de un equipo que ha perdido la confianza en su líder no cesará jamás.
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La seguridad es el cimiento sobre el que se asienta la propia capacidad de funcionamiento de la empresa.
En tiempos de crisis, la decisión más acertada no es «desconectar» la seguridad, sino apoyarse en ella para preservar la capacidad de gestión y la eficiencia.