El desarrollo de la cultura de seguridad en la producción se centra tradicionalmente en mejorar las condiciones de trabajo, modernizar los equipos y controlar estrictamente el cumplimiento de las normas. Sin embargo, incluso en un entorno ideal ocurren accidentes que suelen atribuirse al infame "factor humano". En su presentación, Alexander Shtulman propone analizar este problema más a fondo y considerar la salud mental y el bienestar personal de los trabajadores como la base fundamental de la seguridad industrial.
Según el principio de Pareto aplicado a HSE, alrededor del 80% de las infracciones y lesiones están relacionadas con acciones humanas, no con fallos técnicos. El ponente subraya que, en la mayoría de los casos, detrás de las acciones ilógicas de especialistas cualificados hay una pérdida de concentración. La salud mental en el contexto de la producción no es la ausencia de enfermedades mentales, sino la tranquilidad que permite al trabajador centrarse completamente en la tarea que realiza.
Alrededor de un tercio de los empleados se enfrentan cada año a graves dificultades vitales: conflictos familiares, problemas financieros, depresión oculta o trastornos del sueño. Estos factores afectan directamente a la seguridad: un alto nivel de estrés aumenta el riesgo de accidente en 1,5 veces, y la presencia de problemas personales no resueltos, en 3,6 veces. Una persona inmersa en sus preocupaciones está físicamente presente en el lugar de trabajo, pero su atención está dispersa, lo que inevitablemente conduce a errores.
La principal dificultad radica en que alrededor del 85% de las personas prefieren ocultar sus problemas personales al empleador por miedo a perder su estatus o ser despedidos. Los directivos solo se enteran de las dificultades de sus subordinados cuando ocurre un incidente. La presentación examina en detalle el fenómeno del presentismo: la situación en la que un empleado acude a trabajar enfermo o en un estado de profundo estrés. Esto le cuesta a la empresa mucho más que el absentismo directo (ausencia del lugar de trabajo), ya que provoca defectos, averías en los equipos y lesiones graves.
Para gestionar estos riesgos no evidentes, las empresas líderes implementan Programas de Asistencia al Empleado (EAP). No se trata solo de un beneficio social, sino de una herramienta empresarial pragmática. La esencia del programa consiste en proporcionar a los trabajadores acceso confidencial las 24 horas del día a consultores profesionales: psicólogos, abogados y financieros.
Alexander muestra, con ejemplos de prácticas implementadas, cómo funciona este mecanismo: el empleado tiene la oportunidad de resolver una situación de crisis de forma rápida y anónima antes de que provoque un fallo en la producción. Al mismo tiempo, se libera a los directivos de línea de la función inusual de "psicoterapeutas", y la empresa obtiene un retorno de la inversión (ROI) medible mediante la reducción de lesiones, la disminución de las bajas por enfermedad y el aumento de la productividad laboral general.
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