En el contexto actual de la seguridad industrial, el concepto de liderazgo deja de ser un conjunto de consignas abstractas para transformarse en estándares de comportamiento concretos. La eficacia del sistema de seguridad y salud en el trabajo depende directamente de cómo los directivos interactúan con el personal, estructuran los procesos y reaccionan ante los errores. En su presentación, Christopher John Mawer (AIM Management) analiza en detalle la integración de los principios de liderazgo en la operativa diaria y la influencia del factor humano en la seguridad industrial.
La base de una producción segura se establece a través de la actitud personal del directivo. El ponente destaca varios principios clave que deben convertirse en la norma de vida de la empresa. En primer lugar, la preocupación sincera por la vida y la salud de los empleados. La proactividad en este contexto significa la disposición y el derecho de cada trabajador a detener la ejecución de una tarea si esta representa un peligro.
Igualmente importante es la capacidad de brindar apoyo: los directivos deben reconocer que los procesos pueden no salir según lo planeado, y es fundamental reaccionar correctamente ante las desviaciones. La confianza se forma exclusivamente a través del ejemplo personal y la creación de condiciones que fomenten la transparencia y la apertura en la presentación de informes.
La transición al siguiente nivel de cultura de seguridad requiere la implementación del concepto de rendimiento humano (Human Performance). En la presentación se subraya que los errores son una parte normal de la naturaleza humana. Las personas rara vez los cometen intencionadamente; la mayoría de las veces, las acciones erróneas están condicionadas por el sistema y las condiciones creadas en la empresa.
El concepto se basa en cinco componentes:
Se presta especial atención a la experiencia histórica y a las lecciones aprendidas de grandes catástrofes industriales. Basándose en sus años de experiencia en BP, Christopher John Mawer analiza las causas de las tragedias en Texas City y en la plataforma Deepwater Horizon. La conclusión clave es que la fragmentación de los sistemas de gestión durante el rápido crecimiento de una empresa conduce a la pérdida de control.
La seguridad no debe existir paralelamente a la producción, sino que debe estar totalmente integrada en el sistema general de gestión operativa. Las catástrofes ocurren donde los departamentos individuales ignoran los estándares corporativos unificados. En periodos de crisis económica, recortar los presupuestos de seguridad no salva la economía de la empresa, sino que solo provoca un aumento de la siniestralidad.
Un aspecto importante de la cultura de seguridad es la seguridad psicológica y la responsabilidad compartida. La seguridad y salud en el trabajo no es responsabilidad de un departamento especializado, sino de toda la organización. El ponente destaca el problema de la inacción. Cuando un directivo o un compañero pasa por alto una infracción (por ejemplo, trabajar en altura sin arnés) y no hace nada, está aceptando tácitamente lo que ocurre.
Tal ignorancia forma una «nueva norma»: el comportamiento peligroso se vuelve aceptable. Si una persona ha infringido las reglas varias veces y no ha sufrido daños, se refuerza en ella una falsa sensación de seguridad, lo que a largo plazo conduce inevitablemente a consecuencias graves.
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