En condiciones de producción reales, cualquier evento imprevisto pone a una persona en estado de estrés. Como señala Roman Portnyagin, jefe del departamento de desarrollo del proceso de investigación de incidentes de Nornickel, el estrés activa la amígdala del cerebro, reduciendo la actividad de la corteza prefrontal, responsable de la lógica. Esto conduce a la llamada visión de túnel y a decisiones impulsivas. La probabilidad de cometer un error en una situación crítica aumenta en un 70%, lo que puede llevar a consecuencias fatales, mayores daños e incluso la pérdida de vidas.
El ponente explica que los entrenamientos de emergencia tradicionales, realizados "por cumplir" o en condiciones ideales, a menudo no producen el efecto deseado. Los trabajadores conocen la teoría, pero en el momento de peligro real se bloquean. El análisis de incidentes muestra que en el 85% de los casos la causa es el factor humano: las personas no sabían cómo actuar, no tenían instrucciones claras o no estaban preparadas para el estrés.
Para resolver este problema, la empresa desarrolló una herramienta única: el "Taller EDR" (evaluación dinámica de riesgos). A diferencia de los simulacros masivos, este taller se centra en el entrenamiento individual de cada trabajador directamente en su lugar de trabajo. El programa dura solo 15 minutos, sin interferir con el proceso de producción.
En la presentación se examina en detalle el proceso de realización del taller. El entrenador simula una situación de emergencia (por ejemplo, el incendio de un equipo, un desprendimiento de rocas o la lesión de un compañero) y pide al trabajador que realice físicamente las acciones necesarias: sacar un extintor, ponerse un autorrescatador, encontrar un torniquete en el botiquín. Esto permite identificar problemas ocultos. Por ejemplo, el extintor puede estar atado con un alambre, y el torniquete en el botiquín puede ser indistinguible de un paquete de vendajes. Estos "pequeños detalles" cuestan vidas en una situación real.
Un elemento clave del taller es la retroalimentación constructiva. El entrenador no solo señala los errores, sino que ayuda al trabajador a comprender qué se hizo bien y qué debe cambiarse. Después de eliminar las deficiencias identificadas (por ejemplo, reemplazar el botiquín o cambiar la fijación del extintor), se realiza un entrenamiento repetido para consolidar la habilidad.
El ponente muestra con un ejemplo que el objetivo de estos entrenamientos es automatizar las acciones de los trabajadores para que, en una situación estresante, actúen por reflejo, minimizando los daños y salvando vidas.
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