La formación estándar en las autoescuelas y las pruebas formales de conocimientos de las normas de tráfico no resuelven el problema de la siniestralidad en el transporte corporativo. Las estadísticas muestran una situación paradójica: los conductores con mucha experiencia sufren accidentes con menos frecuencia, pero la gravedad de las consecuencias y los daños materiales en sus casos son significativamente mayores. En el seminario web, Alexander Balukhta y Sergey Moiseev analizan cómo transformar el sistema de formación de conductores para pasar de la investigación reactiva de incidentes a la gestión proactiva de riesgos.
La creación de un centro de formación propio a menudo encuentra resistencia por parte de los directores de los departamentos de transporte. El principal argumento de los escépticos es la imposibilidad de enseñar algo nuevo a un conductor con veinte años de experiencia. Sin embargo, el ponente muestra con el ejemplo de la empresa Highland Gold que el problema no radica en la falta de habilidades básicas, sino en los hábitos peligrosos arraigados y la disminución de la concentración.
Para cambiar las actitudes de comportamiento, se implementan simuladores dinámicos (simuladores de cabinas KAMAZ, BelAZ) y simuladores de colisión frontal. El uso de un simulador de colisión incluso a una velocidad de 40 km/h demuestra claramente a los directivos y conductores la imposibilidad física de sujetar el cuerpo con las manos, lo que cambia radicalmente su actitud hacia el uso de los cinturones de seguridad. Un enfoque integral, que incluye pruebas psicofisiológicas y la práctica de habilidades en un polígono, permitió a la empresa reducir la siniestralidad en un 48% en un año.
Cualquier inversión en formación requiere un resultado medible. En la presentación se analiza en detalle el enfoque para evaluar los programas educativos para conductores basado en el modelo de cinco niveles de Kirkpatrick-Phillips. La formación de conductores corporativos se complica por su autoestima inflada y escepticismo, por lo que es fundamental evaluar no solo los conocimientos adquiridos, sino también la reacción de la audiencia, así como los cambios posteriores en el comportamiento.
Para el control objetivo de los cambios, se utilizan datos de sistemas telemáticos (monitoreo de aceleraciones y frenados bruscos) y el método de conducción comentada. La práctica demuestra que la formación tiene el máximo efecto solo con la participación de la alta dirección, que debe ser la primera en completar el programa y transmitir la cultura de conducción segura a todos los niveles de la empresa.
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