El desarrollo de la cultura de seguridad en el trabajo se basa tradicionalmente en sistemas de gestión, normativas y soluciones tecnológicas. Sin embargo, Evgeny Parygin, director del Instituto de Representantes de Cultura de Seguridad de SNIIP Rosatom, propone abordar el problema desde otro ángulo: a través del prisma de la neurobiología y la bioquímica del cuerpo humano. En condiciones de cambio constante y estrés, son precisamente las reacciones fisiológicas las que determinan la capacidad del personal para pensar críticamente y actuar de forma segura.
El ponente analiza cómo las situaciones de estrés desencadenan una cascada de reacciones bioquímicas que afectan el comportamiento de los empleados. La liberación de neurotransmisores y hormonas, como el cortisol y la adrenalina, ocurre de manera inconsciente e instantánea, bloqueando el pensamiento racional. Comprender estos mecanismos permite a los directivos no solo exigir el cumplimiento de las normas, sino crear un entorno en el que el comportamiento seguro se convierta en una consecuencia natural del estado psicofisiológico favorable del equipo.
En la presentación se examina en detalle el mecanismo de impacto del distrés en el organismo del trabajador. El estrés severo no solo reduce la concentración, sino que también tiene un efecto destructivo en el sistema inmunológico, disminuyendo su eficacia a largo plazo. Esto explica la conexión entre el agotamiento crónico y las enfermedades graves.
El ponente presenta datos impresionantes: bajo la influencia del estrés, la memoria puede deteriorarse hasta un 40%, el intelecto hasta un 50% y la velocidad de reacción motora se ralentiza entre un 30 y un 40%. El pensamiento crítico se apaga por completo en esos momentos. Esto significa que incluso un especialista altamente cualificado, después de un conflicto o una fuerte conmoción emocional, pierde temporalmente la capacidad de tomar decisiones adecuadas, lo cual es de vital importancia en entornos de trabajo peligrosos.
Evgeny Parygin muestra con ejemplos cómo diversas hormonas y neurotransmisores moldean nuestro estado. El cortisol es responsable de la ansiedad, la adrenalina estimula la actividad y la dopamina está asociada con el placer de la novedad y los logros. La serotonina, contrariamente a la creencia popular, no estimula tanto el placer como neutraliza las emociones negativas.
Comprender este equilibrio proporciona la clave para gestionar el estado de ánimo. Si un trabajador experimenta emociones negativas, es importante compensarlas con situaciones que estimulen la producción de hormonas del placer. La creación de condiciones de trabajo favorables no es solo una iniciativa social, sino un método científicamente fundamentado para reducir los riesgos y aumentar la lealtad del personal, lo cual se confirma con las estadísticas de implementación de herramientas de cultura de seguridad.
El ponente propone técnicas fisiológicas específicas para detener rápidamente la reacción de estrés. Uno de los métodos más eficaces es aguantar la respiración el mayor tiempo posible. Esta técnica «engaña» al cerebro: la necesidad de oxígeno se convierte en una prioridad y el centro de ansiedad se desactiva, deteniendo la liberación de cortisol. La actividad física posterior, como subir escaleras, ayuda a «quemar» la hormona del estrés ya liberada en los músculos.
En la sesión de preguntas y respuestas, Evgeny Parygin aborda el tema del liderazgo desde el punto de vista de la genética. La capacidad de ser un líder está determinada en gran medida por el temperamento innato y las características del sistema neuroendocrino. No todas las personas, independientemente de su formación, son capaces de convertirse en líderes eficaces. Es importante identificar a los líderes «luminosos», propensos a tomar decisiones equilibradas, y desarrollar su potencial utilizando herramientas especiales.
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