En condiciones de construcción a gran escala, cuando el número de trabajadores asciende a decenas de miles, la cualificación del personal se convierte no solo en una línea en el currículum, sino en un factor crítico que determina la seguridad y los plazos de ejecución del proyecto. Alexander Kobzev, director del departamento de HSE de NIPIGAS JSC, comparte su experiencia práctica en la gestión de riesgos utilizando el ejemplo de la construcción de la Planta de Procesamiento de Gas de Amur, un proyecto donde más de 30.000 personas trabajaron en el pico de movilización.
El ponente analiza la situación en la que un fuerte aumento en el número de personal (de 5.000 a 22.000 personas en seis meses) provocó un aumento de los accidentes. El análisis demostró que la posesión formal de certificados no garantiza habilidades reales: muchos trabajadores se encontraban en una obra de construcción por primera vez. Esto no solo provocó paradas de trabajo y una disminución de la productividad, sino que también tuvo consecuencias trágicas: dos accidentes mortales debido a infracciones tecnológicas.
Para estabilizar la situación, el equipo del proyecto desarrolló e implementó una tríada de programas destinados a la gestión integral de la cualificación y la seguridad.
La presentación examina en detalle el enfoque de la normalización de la plantilla. Se estableció una proporción estricta entre el personal técnico y de ingeniería de línea y los trabajadores (por ejemplo, 1:20 para trabajos en altura), lo que permitió garantizar un control real sobre la ejecución de las tareas. Además, la documentación organizativa y técnica se tradujo a los idiomas de los principales grupos de trabajadores (incluido el inglés y los idiomas de los países de la CEI), lo que eliminó la barrera del idioma y redujo el número de infracciones tecnológicas.
El ponente muestra con un ejemplo cómo la verificación formal de documentos fue reemplazada por un control de entrada de múltiples etapas. Se identificaron los centros de formación que emitían certificados «falsos» y se creó una lista negra de organizaciones sin escrúpulos. Paralelamente, se introdujo un sistema de pruebas: el acceso a la obra (y la obtención de la pegatina correspondiente en el casco) se concedía solo después de confirmar los conocimientos reales.
Se prestó especial atención a la formación práctica. Se instalaron aulas y polígonos de entrenamiento en los campamentos de trabajadores y directamente en la obra. Equipos integrados de formadores impartieron formación tanto antes de entrar en las instalaciones como durante el trabajo. La introducción de simuladores de realidad virtual (VR) para practicar habilidades de trabajo en altura y con mecanismos de elevación permitió simular situaciones complejas de forma segura.
La implementación de estos programas permitió reducir a cero el número de accidentes mortales y reducir a la cuarta parte el número de paradas de trabajo por infracciones. El ponente subraya la viabilidad económica de invertir en seguridad: el tiempo de inactividad de una zona debido a un accidente mortal costó 140 millones de rublos, lo que supera con creces los costes de organizar aulas y mantener una plantilla de formadores.
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