Ante la creciente escasez de personal y la intensa competencia por mano de obra cualificada, el enfoque de gestión de contratistas en las plantas industriales está transformándose inevitablemente. La práctica demuestra que tratar al contratista como un recurso temporal, del cual se puede prescindir fácilmente ante las primeras infracciones, ya no es eficaz. Las inspecciones episódicas y las multas están siendo reemplazadas por un concepto de asociación a largo plazo, donde el cliente invierte tiempo y recursos en el desarrollo de la cultura de seguridad de las empresas contratadas.
La presentación analiza en detalle la experiencia de PJSC Uralkali en la construcción de un sistema integral de interacción con contratistas. La situación inicial del proyecto requería cambios profundos: la evaluación de la cultura de seguridad de los contratistas según la curva de Bradley era de solo 1.4 puntos, y la mitad de las 250 empresas que operaban en las instalaciones realizaban tareas dentro de la zona de los 7 riesgos críticos (mortales) principales. Para resolver estos problemas, se desarrolló un modelo basado en los principios de la norma internacional ISO 45001 y el ciclo de mejora continua PDCA.
Abandonar el enfoque lineal (verificación en la licitación, firma del contrato, investigación en caso de incidente) permitió crear un ciclo de gestión cerrado compuesto por tres bloques clave.
La primera etapa tiene como objetivo filtrar a los ejecutores no cualificados y evaluar el estado real de las empresas antes de comenzar los trabajos. La precalificación incluye 42 criterios, cada uno de los cuales debe confirmarse documentalmente. Para acelerar el proceso de verificación durante las licitaciones, se utiliza un modelo local de inteligencia artificial que analiza los documentos cargados sin vulnerar el perímetro de seguridad de la información.
Sin embargo, los documentos no siempre reflejan la realidad. Por ello, el siguiente paso es la auditoría técnica: la visita de especialistas del cliente a la base del contratista. Se evalúa el estado de la maquinaria, la calidad de los EPP entregados, la disponibilidad de herramientas en buen estado e incluso las condiciones de vida (vestuarios, duchas). Esto proporciona una comprensión clara de cuánto esfuerzo se requerirá para controlar a esta empresa en el sitio de producción.
El elemento central del sistema es el control de campo, que no puede ser sustituido por verificaciones documentales. El enfoque principal aquí se desplaza hacia los mandos intermedios: los capataces. Es el capataz quien forma la actitud del equipo hacia la seguridad a través de sesiones informativas participativas y una organización competente del proceso de trabajo.
Una innovación importante fue la transición de los permisos de trabajo únicos a la autorización por turno, lo que permite tener en cuenta las condiciones cambiantes de producción. Además, se ha introducido una herramienta de autocontrol para los trabajadores: antes de realizar tareas con riesgos críticos, el empleado completa una lista de verificación breve. Si no se garantizan condiciones seguras (por ejemplo, falta de plataformas en los andamios), el trabajador tiene el derecho legítimo de negarse a trabajar. La tarea del cliente en ese momento no es castigar por el tiempo de inactividad, sino ayudar al capataz a eliminar rápidamente las infracciones y continuar el proceso de forma segura.
Los resultados de las auditorías de campo y las inspecciones forman una calificación dinámica de los contratistas. Esta métrica permite no dispersar los recursos del departamento de seguridad laboral en empresas "verdes" (fiables), sino centrar la atención en aquellas que están en zona de riesgo. Para los contratistas con una calificación alta, se prevé un sistema de motivación: prioridad en la firma de contratos a largo plazo, revisión de sanciones y aumento de los índices de pago, lo que hace que el trabajo seguro sea económicamente rentable.
La experiencia demuestra que para gestionar eficazmente 250 empresas (unos 4000 trabajadores) no se requiere una plantilla sobredimensionada. En el caso presentado, todo el trabajo metodológico, de auditoría y analítico es realizado por un equipo de cinco personas. El éxito de la implementación se debió a un inicio correcto: el sistema no se escaló inmediatamente a toda la empresa. Primero se llevó a cabo un proyecto piloto de 21 días basado en una empresa de tamaño mediano, lo que permitió perfeccionar las listas de verificación, los algoritmos de parada de trabajo y los formatos de sesiones informativas participativas en condiciones reales.
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