Tradicionalmente, la cultura corporativa de HSE terminaba en la puerta de la empresa. Sin embargo, los riesgos también acechan al empleado en casa: en un taburete resbaladizo al cambiar una bombilla, en una escalera inestable en el garaje o durante unas vacaciones activas.
«El nivel de la cultura de HSE se mide por el comportamiento del trabajador en los momentos en que nadie lo observa». En la empresa consideramos esta afirmación como la piedra angular de nuestro programa para aumentar la actitud consciente del empleado hacia su propia seguridad y la de los demás. La lógica es simple y profunda: es en la vida cotidiana donde una persona actúa según sus hábitos. Si es descuidado en casa, esta negligencia se manifestará inevitablemente en el trabajo. Y viceversa: el hábito del comportamiento seguro, formado en el espacio personal, se convierte en parte del código cultural y se traslada al trabajo.
Doble estrategia: reaccionar y prevenir
El enfoque de la empresa para abordar los accidentes domésticos se basa en dos principios clave: reactivo y proactivo.
Las medidas reactivas incluyen todo un conjunto de acciones una vez que la lesión ya ha ocurrido.
Por ejemplo:
Entre las medidas proactivas se encuentran:
La inversión en un programa tan integral da frutos cuantificables. Gracias a su implementación, en los primeros 9 meses de 2025 se produjo una reducción del 14% en la tasa de accidentes domésticos en comparación con el mismo período del año anterior, y del 22% en comparación con 2023, año en que se lanzó el programa.
Trabajamos en la creación de una cultura de HSE integral que va mucho más allá de la entrada de la empresa. En el mundo actual, donde la frontera entre el trabajo y la vida personal es cada vez más difusa, este enfoque se convierte no solo en una responsabilidad social, sino en una inversión estratégica en el capital humano y la eficiencia operativa.