La industria moderna atraviesa una etapa de profunda transformación en sus enfoques de gestión de riesgos. El modelo histórico, en el que el departamento de HSE (Salud, Seguridad y Medio Ambiente) desempeñaba funciones exclusivamente supervisoras y punitivas, demuestra ser ineficaz en el contexto de las plantas de alta tecnología. Hoy en día, las empresas requieren una transición cualitativa desde una respuesta reactiva hacia una gestión proactiva, donde la seguridad no sea solo una partida de gastos, sino una parte integral de la actividad operativa que influye directamente en la continuidad y rentabilidad del negocio. En esta presentación, Mikhail Barabash, presidente del Consejo Técnico del grupo industrial «Rodina», analiza en detalle el proceso de mejora sistémica de la función de HSE y su profunda integración en los procesos empresariales de una empresa moderna.
La barrera clave para el desarrollo de una cultura de seguridad madura suele ser la percepción arraigada de los especialistas en HSE como «policías», cuya tarea principal es encontrar infracciones, imponer multas y castigar a los responsables. Este paradigma obsoleto genera inevitablemente el ocultamiento de lesiones leves, el silencio sobre los precursores de incidentes y una actitud puramente formal ante las normas. El ponente analiza detalladamente el mecanismo para transformar el rol del especialista en HSE de un simple inspector a un consultor interno integral y socio estratégico de negocio.
Esta transición requiere un cambio serio tanto en las competencias profesionales de los propios especialistas como en la actitud de los gerentes de línea hacia ellos. Cuando el departamento de HSE comienza a proponer soluciones técnicas u organizativas concretas, en lugar de limitarse a registrar incumplimientos, las unidades de producción empiezan a verlo como un recurso valioso para aumentar la eficiencia general. En la práctica, este enfoque se implementa mediante auditorías conjuntas de puestos de trabajo, la participación activa del personal operativo en la evaluación de riesgos profesionales y la creación de un entorno de confianza para discutir abiertamente los problemas de seguridad sin temor a un castigo inminente.
La presentación presta especial atención al enfoque preventivo: sentar las bases de la seguridad desde la fase de diseño y la adopción de decisiones técnicas clave. Como presidente del Consejo Técnico, Mikhail Barabash subraya la importancia crítica de la participación plena de la función de HSE en los procesos de modernización de las capacidades de producción, la adquisición de nuevos equipos tecnológicos y la modificación de las cadenas tecnológicas establecidas.
Tradicionalmente, el departamento de HSE se enfrenta a los riesgos una vez que las nuevas instalaciones ya están implementadas en los talleres, cuando cualquier cambio constructivo requiere pérdidas financieras y temporales significativas. La integración de la experiencia en HSE en el trabajo diario de los consejos técnicos permite aplicar en la práctica el principio de «seguridad en el diseño» (Safety in Design). Esto significa que la ergonomía de los puestos de trabajo, la fiabilidad de los sistemas de bloqueo de energías peligrosas, la eficacia de los equipos de protección colectiva y la logística de las rutas de evacuación se planifican antes de que comience la ejecución física de cualquier proyecto. Este enfoque interfuncional no solo reduce radicalmente el nivel de lesiones laborales potenciales, sino que también optimiza significativamente los gastos de capital de la empresa en futuras modificaciones.
Elevar el estatus y la función real de HSE es absolutamente imposible sin una revisión radical de su sistema de evaluación de desempeño. Basarse exclusivamente en indicadores rezagados (lagging indicators), como el número de accidentes registrados o la tasa de frecuencia de lesiones (LTIFR), no proporciona a la dirección una imagen objetiva del estado del sistema de gestión de seguridad industrial. La ausencia de lesiones en un período de informe concreto puede ser el resultado no de un trabajo sistémico y de calidad, sino de una simple coincidencia o, peor aún, de un ocultamiento deliberado de los hechos.
Para una gestión real y eficaz de los riesgos operativos, es necesaria una implementación a gran escala de indicadores adelantados (leading indicators). Entre ellos se incluyen tradicionalmente: el número de situaciones potencialmente peligrosas detectadas y resueltas rápidamente (Near Miss), el porcentaje de cumplimiento de las medidas correctivas a tiempo, el nivel de compromiso de la gerencia de línea y del personal operativo en las auditorías de seguridad conductual, así como la calidad de las sesiones informativas específicas. Desplazar el enfoque de gestión hacia estas métricas permite evaluar adecuadamente los esfuerzos preventivos de la empresa para evitar incidentes y estimula el trabajo proactivo en todos los niveles de la estructura organizativa.
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