Al detectar cualquier desviación (riesgos/incumplimientos), la primera pregunta que surge es: «¿Qué hacemos con esto?». A partir de ahí, se inicia un proceso de lluvia de ideas, a veces individual y otras grupal, orientado a analizar las causas de las desviaciones y desarrollar medidas correctivas eficaces. En este caso, no nos centraremos en los métodos de análisis de causas, sino que asumiremos que las causas ya han sido identificadas, y que son de carácter sistémico. Por ejemplo, si hablamos de una manguera para el lavado de tuberías de proceso que estorba en el paso del personal, con solo quitarla del camino podríamos sorprendernos al encontrarla mañana en el mismo lugar, esperando a una víctima potencial. En tal caso, es necesario entender: ¿por qué aparece allí siempre? ¿Existen lugares similares? Al obtener respuestas a estas preguntas, no solo resolvemos el problema de raíz, sino que también prevenimos su aparición en otros lugares.
Sin embargo, existen desviaciones y riesgos que realmente requieren un análisis profundo y la consideración de múltiples opciones de acción. Una de las herramientas que aplicamos de manera activa y eficaz es la «Jerarquía de controles», que funciona como un «embudo» a través del cual pasamos nuestro problema y, recorriendo sucesivamente cada nivel de la jerarquía, determinamos las medidas adecuadas para nosotros.
Al definir las medidas, es sumamente importante recorrer todos los niveles de arriba hacia abajo:
Una vez definido el conjunto de medidas, seleccionamos las que mejor se adaptan a nuestras necesidades. Se pueden implementar varios tipos a la vez: «Controles de ingeniería» + «EPI», o «Sustitución» + «Controles administrativos». Pero es fundamental elegir las que sean realmente adecuadas, considerando también la relación entre eficacia e inversión. En algunos casos, basta con soluciones técnicas, mientras que en otros se puede prescindir de ellas y optar por medidas administrativas. Lo principal es eliminar el riesgo.