Ante los desafíos externos, las recesiones económicas y los cambios constantes, el enfoque de los líderes inevitablemente se desvía. Las sanciones, la ruptura de las cadenas logísticas, la necesidad de una sustitución urgente de importaciones y la estricta optimización de los recursos crean una presión colosal sobre el negocio. En esta situación, las cuestiones de HSE corren el riesgo de pasar a un segundo plano. En su presentación, Pavel Zakharov, Director de HSE del Grupo NLMK, analiza en detalle cómo mantener el compromiso de los líderes en todos los niveles con la seguridad cuando la producción opera bajo un estrés constante.
El ponente subraya que la gestión empresarial actual es similar a volar en una zona de turbulencia. Y es precisamente en estas condiciones donde el papel del máximo responsable es fundamental, ya que establece las prioridades y no permite que el equipo pierda de vista el objetivo principal: cero accidentes.
Uno de los conceptos clave que el ponente ilustra con el ejemplo de la cultura de producción es la aplicación de la «teoría de las ventanas rotas» a la seguridad. Si un líder (de cualquier nivel) ignora las infracciones, ya sea trabajar en altura sin arnés o dejar basura en el pasillo, transmite al equipo el mensaje: «esto no importa». Este consentimiento tácito fomenta una cultura de desprecio por las normas.
El desarrollo del liderazgo tiene como objetivo precisamente evitar que los directivos miren hacia otro lado. Un líder comprometido nota las «ventanas rotas» y reacciona ante ellas, demostrando con su ejemplo personal que la seguridad no es un mero trámite, sino una condición básica para trabajar.
La presentación examina en detalle un enfoque integral para el desarrollo del liderazgo en diferentes niveles de gestión. Una encuesta a la comunidad profesional mostró que la mayoría de las empresas han implementado con éxito herramientas para los mandos intermedios (comités, rondas de línea), pero a menudo pasan por alto a la alta dirección y al personal de línea.
Para la alta dirección, NLMK aplica un enfoque basado en proyectos: los altos directivos asumen la supervisión de proyectos específicos para reducir los riesgos fatales (por ejemplo, trabajos en altura). No se trata de un nombramiento formal; el supervisor visita personalmente las instalaciones, defiende el presupuesto ante la junta directiva y es responsable de la ejecución del proyecto. Este enfoque cambia radicalmente la actitud: los altos directivos comienzan a iniciar proyectos por sí mismos y a solicitar la experiencia del departamento de HSE.
Para apoyar a los líderes en situaciones de estrés, la empresa implementa programas de Wellbeing (bienestar de los empleados) y mentoría para altos ejecutivos. Esto ayuda a encontrar el equilibrio, reducir los niveles de estrés y aumentar los recursos personales, lo que afecta directamente la calidad de las decisiones de gestión en el ámbito de la seguridad.
Se presta especial atención a la motivación. En NLMK, el indicador de reducción de accidentes (LTIFR) solo se incluye en los KPI del presidente de la empresa y del director de HSE. Para el resto de los altos directivos, se establecen indicadores proactivos, por ejemplo, la implementación de un programa específico de reducción de riesgos. Si ocurre un incidente relacionado con este riesgo, la responsabilidad recae en el supervisor del proyecto, no solo en el departamento de seguridad laboral.
Al mismo tiempo, el ponente señala la importancia de equilibrar el desarrollo de la cultura y la disciplina. Ante un claro desprecio por las normas, cuando un líder permite conscientemente infracciones de riesgos fatales, es necesario aplicar medidas disciplinarias. En este caso, el castigo se considera una medida extrema para salvar la vida del trabajador.
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