La formación de una cultura sostenible de comportamiento seguro no puede limitarse solo al nivel de la alta y media dirección. Cualquier transformación requiere apoyo directamente en las instalaciones de producción. En su presentación, Oksana Zalevskaya, directora del sistema integrado de HSE de la empresa Severstal, analiza la práctica de implementar la figura de los voluntarios de seguridad, una herramienta que permite involucrar a los trabajadores en la consecución del objetivo estratégico de cero accidentes.
Un voluntario de seguridad es un empleado que participa de forma voluntaria y no remunerada en la mejora de las condiciones laborales. El valor clave de este enfoque radica en la sincera intolerancia del trabajador hacia las infracciones y su disposición a detener acciones peligrosas. La ponente subraya que la iniciativa fue una continuación lógica del programa de desarrollo de competencias de liderazgo: cuando los directivos empezaron a demostrar un modelo a seguir de comportamiento seguro, surgió la necesidad de agentes de cambio dentro de las propias brigadas de trabajo.
Uno de los principales errores al implementar este tipo de iniciativas es la búsqueda de indicadores cuantitativos. En el caso analizado, la empresa renunció conscientemente a los planes sobre el número de voluntarios por taller. La formación artificial de un grupo activo conduce al formalismo y a la desmotivación tanto de los directivos como de los propios trabajadores.
La eficacia del trabajo de un voluntario depende directamente del apoyo de los directivos de línea. La ponente muestra en detalle el algoritmo para construir esta asociación. La verificación inicial del candidato la realiza el capataz, quien conoce mejor el clima en la brigada. Luego, el jefe de taller discute con el voluntario sus puntos fuertes y habilidades para asignarle las tareas más adecuadas.
El principio más importante en la asignación de tareas es que sean a corto plazo y tengan una alta probabilidad de éxito. El voluntario debe ver rápidamente el resultado de sus esfuerzos y recibir un agradecimiento público en la reunión. Esto genera un refuerzo positivo y protege al activista de posibles reacciones negativas por parte de compañeros tóxicos que puedan rechazar la iniciativa. Las reuniones periódicas (una vez a la semana) ayudan a eliminar rápidamente las barreras administrativas que el propio trabajador no tiene autoridad para superar.
El rechazo a los KPI estrictos y a las hojas de evaluación permitió evitar la burocratización del proceso. En su lugar, el sistema de motivación se basa en el desarrollo profesional y personal de los activistas.
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