¿Qué impide a una persona cumplir con las normas de seguridad en la vida cotidiana y en el trabajo? A menudo son falsas creencias, actitudes arraigadas en la conciencia, normas de comportamiento incorrectas; en otras palabras, mitos en los que creemos bajo la influencia de diversos factores.
«¡A mí no me va a pasar!», «¡Lo he hecho cien veces y no ha pasado nada!» — confiese, ¿quién no ha dicho o pensado esto alguna vez?
Estas creencias sustentan el comportamiento inseguro, lo que en última instancia puede acarrear diversos problemas en el lugar de trabajo, incluso con consecuencias graves que afectan la vida y la salud.
¿Cómo desmentir los mitos acumulados durante años? Así es, sustituyéndolos por nuevas convicciones.
Si un empleado, al observar estas situaciones, se reconoce en ellas y al menos llega a dudar de sus creencias más arraigadas, ya es un gran logro. Y para que el mito sea sustituido en la conciencia por una convicción nueva y correcta, basta con volver al puesto de trabajo y mirar con ojos nuevos, desde el punto de vista de los conocimientos adquiridos, la situación que le llamó la atención tras ver los mitos. La capacidad de corregir y autocorregir las actitudes internas de una persona es un paso más hacia el desarrollo de la cultura de seguridad.
Muchos piensan que el barboquejo del casco es inútil, otros están seguros de que la causa de la mayoría de los accidentes es el factor humano, y otros están convencidos de que la seguridad solo debe ser competencia de los especialistas en HSE.