La imagen de la función HSE como herramienta para el desarrollo de la cultura de seguridad

La imagen de la función HSE como herramienta para el desarrollo de la cultura de seguridad

16 octubre 2026 🇷🇺 Original: русский 1 min de lectura

La experiencia de Nornickel

La eficacia de la seguridad industrial no depende únicamente de la calidad de los requisitos, los procedimientos y las barreras técnicas. Es igualmente importante cómo perciben los trabajadores a la propia función de seguridad y salud en el trabajo (HSE): como inspectores o como socios capaces de ayudar a las operaciones a trabajar de forma más segura.

En Nornickel, la gestión de la imagen de la función HSE se ha convertido en una línea de trabajo independiente dentro del desarrollo de la cultura de seguridad.

La seguridad no solo la define el sistema, sino también la actitud hacia él

En una gran empresa industrial, la seguridad se garantiza mediante múltiples elementos interconectados: barreras técnicas, procedimientos, el sistema de gestión de riesgos, la formación, el control y la labor de los profesionales de HSE.

Sin embargo, la eficacia de todo el sistema se refleja, en última instancia, en el comportamiento de cada persona. El trabajador toma la decisión de detener una tarea insegura o continuarla. El responsable moldea la actitud del equipo hacia las normas de seguridad. Y el especialista de HSE, a través de su interacción diaria con las operaciones, determina en gran medida si la seguridad se percibirá exclusivamente como un sistema de restricciones o como una condición indispensable para un trabajo eficiente.

Por ello, el trabajo en materia de cultura de seguridad en Nornickel gira en torno a la persona y su comportamiento. Una de las conclusiones clave fue comprender que la actitud de los trabajadores hacia la función HSE influye directamente en la capacidad de esta área para lograr cambios reales en la planta.

La imagen de HSE es una categoría de gestión

El término «imagen» aplicado a la seguridad industrial a veces se percibe como una tarea de comunicación interna. En la práctica, se trata de una categoría de gestión mucho más relevante.

Imaginemos dos situaciones. En la primera, el especialista de HSE es visto exclusivamente como alguien que acude a las instalaciones para encontrar incumplimientos y señalar culpables. En la segunda, como un experto al que se puede acudir con un problema, analizar un riesgo, recibir apoyo profesional y encontrar una solución conjunta.

La autoridad formal del especialista puede ser idéntica, pero la naturaleza de la interacción con el personal operativo será radicalmente distinta.

Cuando la función se percibe únicamente como fiscalizadora, el trabajador tiende a minimizar el contacto con ella. Una situación potencialmente peligrosa puede no comentarse hasta que se convierte en una infracción o en un incidente.

Con un modelo de colaboración, surge la posibilidad de recibir información mucho antes: en la fase de duda, incomodidad, riesgo potencial u operación insegura.

Por lo tanto, desarrollar la imagen de HSE no es un intento de hacer que el área sea más popular. Es crear las condiciones para que los especialistas de HSE y el personal de operaciones puedan influir de manera más eficaz en la seguridad.

De la supervisión a la alianza

Históricamente, la función de seguridad y salud en muchas organizaciones industriales se configuró ante todo como un órgano de control. Y la supervisión del cumplimiento normativo sigue siendo una parte fundamental del sistema de seguridad.

Pero si a ojos de los trabajadores el papel de HSE se reduce únicamente al control, el área se convierte para la producción en un ente supervisor externo. Mientras tanto, la seguridad moderna exige la identificación conjunta de riesgos, el análisis de las operaciones productivas, la búsqueda de soluciones, el desarrollo de hábitos seguros y la prevención de incidentes.

Por eso, una de las líneas de evolución de la función HSE en Nornickel consiste en transformar su percepción: pasar de ser un «vigilante» a convertirse en un facilitador y socio profesional de las operaciones.

No se trata de renunciar a la exigencia. El especialista de HSE debe controlar los requisitos obligatorios y actuar ante los incumplimientos. Lo que cambia es el equilibrio de roles: no basta con registrar un problema, es fundamental ayudar a resolverlo.

De qué se compone la imagen de la función HSE

Desde 2023, en Nornickel se recopila de forma sistemática la opinión de los mandos y trabajadores de las unidades operativas sobre cómo perciben la función HSE. Esta información se utiliza para diseñar el programa de mejora del desempeño del área.

Para ello, era importante alejarse de la pregunta genérica «¿tiene usted una buena o mala opinión de HSE?». Una respuesta así resulta prácticamente inútil para tomar decisiones de gestión.

Por consiguiente, la percepción de la función se evalúa a través de cuatro factores concretos.

  • Comunicación. ¿Cómo interactúan los especialistas de HSE con los trabajadores? ¿Saben explicar los requisitos? ¿Existe diálogo o la comunicación se basa únicamente en órdenes y amonestaciones?
  • Accesibilidad. ¿Puede un trabajador acudir a un especialista de HSE ante una duda operativa real y recibir asistencia profesional?
  • Utilidad. ¿Perciben los trabajadores el valor práctico de la labor del área? ¿Ayudan sus acciones a que una tarea concreta o un puesto de trabajo sean más seguros?
  • Decisiones y acciones. ¿En qué medida son capaces los especialistas de tomar decisiones profesionales y adecuadas en materia de seguridad?

De este modo, el concepto abstracto de imagen se traduce en líneas concretas de acción directiva.

La imagen empieza con el comportamiento de los especialistas de HSE

Es imposible cambiar la actitud de las operaciones hacia la función únicamente mediante una campaña de comunicación. Si se habla de colaboración, pero en el trato directo se muestra una actitud puramente punitiva y fiscalizadora, el efecto será el contrario.

Por ello, el trabajo sobre la imagen comienza ante todo dentro de la propia función.

En Nornickel se está desarrollando un conjunto de iniciativas: capacitación profesional del personal de HSE, estancias prácticas en planta, identificación de operaciones inseguras, pautas de interacción con el personal operativo, mecanismos de retroalimentación y un sistema de calificación de la función.

Es fundamental que cada especialista comprenda que cualquier interacción con la planta influye no solo en la resolución de un asunto puntual, sino también en la disposición de los trabajadores a acudir a HSE en el futuro.

Si un trabajador recibe una ayuda sustancial, aumenta la probabilidad de que la próxima vez informe de un problema con antelación. Si, en lugar de apoyo, recibe solo una observación formal, la reacción natural puede ser intentar reducir al mínimo cualquier contacto futuro.

Así, la cultura de comunicación de los profesionales de HSE pasa a formar parte de la propia cultura de seguridad.

El especialista de HSE debe comprender las operaciones

Otro elemento clave es reducir la distancia entre la función de seguridad y la producción.

Los requisitos de seguridad no pueden aplicarse eficazmente fuera del contexto operativo. El especialista de HSE debe comprender no solo la exigencia normativa, sino también el proceso tecnológico, las condiciones reales de ejecución del trabajo, las limitaciones existentes y las causas que originan los comportamientos inseguros.

Precisamente por ello, una de las herramientas de desarrollo del personal son las estancias prácticas en las áreas de producción.

Su objetivo no es simplemente ampliar los conocimientos técnicos. Cuanto mejor comprende el especialista el trabajo real en planta, mayor es la probabilidad de que sus decisiones se perciban como profesionales y viables.

La autoridad de la función no se construye solo con las facultades establecidas en los documentos, sino con la capacidad de entender los problemas operativos y proponer soluciones que garanticen la seguridad al tiempo que permiten cumplir con los objetivos de producción.

La retroalimentación como herramienta de gestión

Tiene especial relevancia la posibilidad de que los trabajadores evalúen su interacción con el personal de HSE.

La empresa está implementando un sistema de valoración de la función que permite obtener retroalimentación directamente desde las operaciones. Al equipo directivo esto le permite detectar aspectos que son difíciles de identificar a través de la jerarquía tradicional.

Un gerente puede valorar muy positivamente los conocimientos técnicos de un especialista, mientras que los operarios pueden estar experimentando problemas de comunicación, falta de disponibilidad o deficiencias en la calidad de las respuestas.

Además, cambia la lógica misma de la relación. El especialista de HSE deja de ser exclusivamente quien evalúa a los demás. Las áreas operativas también tienen la oportunidad de evaluar la calidad del trabajo de la función.

No se trata de complacer a la planta, sino de aportar valor

Al trabajar en la imagen, es importante no desvirtuar el objetivo.

La misión de HSE no es obtener una calificación alta a cualquier precio. Una decisión profesional en materia de seguridad a veces limita objetivamente la producción. El especialista puede verse obligado a detener un trabajo o a adoptar una postura incómoda para el operario o el supervisor.

Por lo tanto, una imagen positiva no significa ausencia de conflictos.

La cuestión principal es otra: ¿comprende el trabajador las razones de la decisión tomada, considera que el especialista de HSE es competente y coherente, percibe la utilidad práctica de sus acciones y está dispuesto a acudir a él nuevamente?

Para la función es esencial mantener el equilibrio entre la colaboración y el rigor profesional.

La imagen de HSE y la cultura de seguridad están directamente vinculadas

El desarrollo de la imagen de la función no existe de forma aislada respecto al trabajo general sobre la cultura de seguridad.

Para avanzar hacia una cultura más madura no basta con que el personal de HSE cumpla eficazmente con sus obligaciones. Es necesario que los propios trabajadores estén dispuestos a informar sobre los riesgos, negarse a realizar tareas inseguras, debatir problemas potenciales y participar en su resolución.

Y para ello se requiere confianza en la interacción.

El trabajador debe saber que comunicar un problema no conducirá únicamente a la búsqueda de un culpable, sino ante todo a la búsqueda de una solución.

Es precisamente aquí donde la imagen deja de ser una cuestión de comunicación y se convierte en un factor determinante de la cultura de seguridad.

De una función de control a una función de influencia

En una determinada etapa del desarrollo del sistema de seguridad surge una pregunta fundamental: ¿dónde terminan las posibilidades del control?

Es imposible colocar a un especialista de HSE junto a cada trabajador y supervisar cada operación. Un sistema maduro debe crear las condiciones para que se tomen decisiones seguras incluso cuando no hay un supervisor presente.

Por ello, el papel de la función se amplía. No solo debe vigilar el cumplimiento de las normas, sino también influir en el entorno en el que la persona toma decisiones: a través de los líderes, la formación, el diseño de procesos, la motivación, el ejemplo propio y la calidad de la interacción diaria.

Y en este punto la imagen está directamente ligada a la capacidad de influencia del área.

Se puede contar con amplias facultades formales y, aun así, tener una influencia limitada. Por el contrario, la competencia profesional, la coherencia y la confianza permiten incidir en una situación mucho antes de que sea necesario recurrir a medidas administrativas.

De la confianza al comportamiento seguro

La experiencia de Nornickel demuestra que conviene abordar la imagen de la función HSE no como un reto comunicativo o reputacional, sino como una herramienta más para la gestión de la seguridad industrial.

El objetivo no es que la función resulte simpática a los trabajadores. Lo importante es que los especialistas de HSE sean comprensibles para la planta, accesibles, profesionales y útiles; que los trabajadores vean la relación entre sus acciones y una mejora real de la seguridad; y que la interacción comience antes de que un problema potencial se convierta en un incidente.

Para lograrlo, es necesario desarrollar simultáneamente las competencias profesionales del personal de HSE, su comprensión de las operaciones, la calidad de su comunicación, las reglas de trato con la plantilla, los mecanismos de retroalimentación y la capacidad de llevar los problemas detectados hasta su resolución definitiva.

Entonces cambia el rol mismo de la función. Sigue siendo rigurosa allí donde la seguridad lo exige, pero deja de percibirse exclusivamente como un órgano de fiscalización. HSE se convierte en un socio de la producción y en un centro de excelencia técnica capaz de ayudar a mandos y operarios a identificar y eliminar riesgos.

Es precisamente este modelo de interacción el que crea las condiciones para que la seguridad se convierta en una tarea compartida entre la función HSE, los líderes y los trabajadores de planta.

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