Existen muchísimas sutilezas para una comunicación fructífera y en este artículo analizaremos las más eficaces.
El uso de estas herramientas permite que su discurso sea más enriquecedor.
1. Postura, gestos y posiciones.
Una de las primeras cosas que el público evalúa es la apariencia y el comportamiento del orador.
La postura debe ser erguida, lo cual es relevante para cualquier formato. Una espalda recta demuestra confianza, mientras que estar encorvado suele ser un signo de nerviosismo.
La gestualidad debe ser acorde al contenido.
Al hablar de eventos vibrantes y emotivos, es lógico gesticular con energía para enfatizar las emociones.
Si hablamos de temas serios, los gestos deben ser pausados y tranquilos.
Los movimientos de las manos deben realizarse por encima del nivel de la cintura.
Es importante evitar las posturas cerradas; no se deben cruzar los brazos sobre el pecho ni detrás de la espalda. No esconda las palmas de las manos en los bolsillos. Las piernas cruzadas también delatan inseguridad.
Las posiciones abiertas se ven mucho mejor.
Un orador que mantiene contacto visual con la audiencia o el interlocutor causa una impresión positiva. Al hablar ante un grupo, es necesario mirar periódicamente a los ojos de cada persona durante dos o tres segundos; si el grupo es muy grande, a algunos de ellos.
En una conversación cara a cara, lo lógico es mirar a los ojos aproximadamente el 60% del tiempo. De este modo, demostrará interés y su oponente no sentirá que está siendo interrogado.
Ejemplos: "ehh", "bueno", "este", "o sea", etc.
Actualmente son muy populares: "en principio", "respectivamente", "lo único que", etc.
Prácticamente cualquier palabra se vuelve molesta si se repite más de dos veces.
A veces, durante un monólogo, es necesario ordenar las ideas y hacer una pausa de unos segundos. A muchos les parece que estas interjecciones llenan bien los silencios.
En realidad, es mejor mantener una breve pausa y luego continuar con la idea.
Las grabaciones de audio y video son de gran ayuda para detectar estos momentos.
Deben ser claras y directas. Si no puede responder de inmediato, diga que proporcionará la información más adelante.
Cuando el ponente empieza a responder de forma extensa y prolongada, la concentración de los oyentes disminuye y él mismo puede perder el hilo de su pensamiento.
El tiempo no es solo dinero, sino la vida misma.
Lamentablemente, a menudo no se respetan los límites de tiempo y el orador habla demasiado. Créame, es mejor terminar un poco antes y dejar tiempo para preguntas al final.
En ese caso, se ganará la reputación de ser un orador competente, capaz de expresar la esencia dentro del límite de tiempo asignado.
Las emociones siempre se recuerdan y dan vida al contenido. Cuente las noticias agradables con una sonrisa, las importantes con seriedad y las extrañas con sorpresa.
No es recomendable exagerar; por ejemplo, no intente forzar una lágrima ante noticias tristes ni grite de alegría al anunciar un aumento de sueldo.
Bromee si sabe cómo hacerlo. Por supuesto, evite comentarios ambiguos, así como temas delicados como la política y la religión.
El sentido del humor se puede mejorar mediante formación específica o viendo programas de humor.
Es necesario lucir impecable y acorde a la audiencia. Es mejor elegir ropa elegante con la que se sienta cómodo.
Ponga su teléfono en modo silencio. Piense en las respuestas a posibles preguntas. Si la presentación es en línea, asegúrese de comprobar los medios de comunicación; si es presencial, llegue con antelación y evalúe el entorno.
Amplíe su vocabulario. Leer libros, incluidos los clásicos, le ayudará. Es muy útil leer en voz alta con regularidad.
11. La gente se cansa, se distrae o habla entre sí. Debe captar su atención mediante:
- subir o bajar el volumen de la voz;
- cambiar la entonación;
- hacer una pregunta o pedir una opinión;
- bromear;
- mencionar un evento curioso de su experiencia personal;
Recuerde que la combinación de teoría y práctica es la clave del éxito.
El uso de estos principios y métodos produce un efecto extraordinario.