La regla de los tres decibelios: estar advertido es estar preparado

2 octubre 2023 🇷🇺 Original: русский 1 min de lectura

El factor de riesgo más común en los procesos industriales es el ruido. Para los especialistas en HSE, esto es un hecho conocido. Cualquier instalación industrial y la mayoría de los procesos siempre presentan, aunque sea de forma leve, un exceso en los niveles de ruido. El límite máximo permisible es de 80 dB. Todo lo que supere este nivel, bajo una exposición constante, puede derivar con el tiempo en una enfermedad profesional: la hipoacusia neurosensorial.

Lamentablemente, a menudo no disponemos de la información necesaria para proteger conscientemente nuestros órganos auditivos, agravando la situación incluso en la vida cotidiana. Muchos de nosotros utilizamos auriculares para escuchar música a alto volumen de forma casi constante. Según los médicos, la enfermedad profesional mencionada solía detectarse en el siglo pasado únicamente en empleados de edad avanzada que habían trabajado durante muchos años en entornos ruidosos. Hoy en día, esta enfermedad se ha "rejuvenecido" significativamente y aparece cada vez más en personas jóvenes.

¿Cómo se desarrolla esta enfermedad?

Los sonidos son vibraciones acústicas que se transmiten por el aire. Nuestro oído externo capta estas vibraciones u ondas sonoras, las cuales provocan la vibración del tímpano. Este último pone en movimiento la cadena de huesecillos conectados con nuestro oído interno. El vestíbulo del oído interno es una cavidad en forma de caracol llena de líquido. Las vibraciones mecánicas del líquido son transformadas en impulsos eléctricos por diminutas y sensibles células ciliadas. Estos impulsos se transmiten al cerebro a través del nervio auditivo. El cerebro los recibe y forma las imágenes sonoras. ¿Y qué es un trauma auditivo? Si el nivel de sonido supera los límites permitidos, la presión del líquido sobre las diminutas células ciliadas aumenta drásticamente, lo que provoca su daño. Y las células ciliadas dañadas nunca se recuperan. Por lo tanto, si no se toman medidas para proteger la audición, este proceso negativo avanzará y la audición disminuirá gradualmente. Una vez que se alcanza la sordera total, ningún medicamento ni cirugía pueden ayudar. Los audífonos también resultan inútiles en este punto. La hipoacusia neurosensorial es para siempre.

¿Qué es la regla de los tres decibelios? La presión sonora que se genera cuando una onda de sonido atraviesa un medio se calcula en decibelios. En este cálculo se tiene en cuenta la intensidad del sonido, es decir, la energía que transporta la onda sonora a través del medio por unidad de tiempo. La característica subjetiva del sonido, el volumen, depende de la intensidad del sonido.

Cuando la intensidad del sonido (volumen) se duplica, esto corresponde a un aumento de 3 dB en la escala logarítmica. Por ejemplo: si tenemos una máquina con un nivel de ruido máximo permitido de 80 dB y colocamos al lado otra máquina exactamente igual con el mismo nivel de ruido, el nivel de ruido en ese puesto de trabajo no pasa a ser de 160 dB (lo cual sería un nivel mortal), sino de 83 dB según la escala logarítmica. En términos más sencillos, cada incremento de 3 dB duplica la intensidad del sonido o la potencia acústica. En esto consiste la regla de los tres decibelios. ¿Se lo imagina? Es decir, un aumento que parece pequeño en el número de decibelios provoca un cambio enorme en la intensidad del sonido.

Estas son las reglas básicas al trabajar con decibelios:

  • Aumento de 3 dB – la intensidad se duplica.
  • Aumento de 10 dB – la intensidad aumenta 10 veces.
  • Aumento de 20 dB – la intensidad aumenta 100 veces.

Con esta información, podemos tomar la decisión consciente de cuidar nuestros órganos auditivos con el mismo esmero que cuidamos los ojos, por ejemplo. Es decir, utilizar protectores auditivos donde no sea posible reducir el nivel de ruido mediante medidas técnicas. Y, por supuesto, no acelerar la aparición de la hipoacusia en el ámbito doméstico, tomando cada día la decisión correcta a favor de preservar la salud y la calidad de vida.

En las capacitaciones de HSE, les hablo a mis colegas sobre la regla de los tres decibelios y, tras asimilar esta información, comienzan a ver el factor de riesgo del ruido de una manera distinta. Este es el camino sencillo hacia una seguridad consciente. Estar advertido es estar preparado.

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