En las últimas décadas, la industria ha recorrido un largo camino en la reducción de lesiones mediante la introducción de medios técnicos modernos, sistemas de protección contra gases, bloqueos y EPP de alta calidad. Sin embargo, hoy esta tendencia se está estabilizando. Una mayor reducción en el número de incidentes requiere un trabajo sistemático con la conciencia y el comportamiento de las personas. En su presentación, Yuri Shtelma, jefe del servicio de Control de Producción y HSE de la empresa SUEK-Krasnoyarsk, analiza cómo combinar herramientas de seguridad dispares en un único Estándar de Trabajo del Directivo (ETD).
El ponente muestra, utilizando el ejemplo de grandes minas de carbón a cielo abierto, cómo cuatro áreas habituales se transforman en un sistema manejable si se establecen métricas y algoritmos claros para ellas.
Incluso con mapas de riesgos bien desarrollados, el proceso de emisión de una orden de trabajo a menudo se basa exclusivamente en la experiencia personal del capataz de la mina. El desarrollo de un algoritmo breve y formalizado permite a los jóvenes especialistas compararse con el estándar, garantizando que todos los problemas críticos de seguridad (estado del frente después del turno anterior, condiciones climáticas, presencia de zonas peligrosas) se discutan obligatoriamente. Para controlar la calidad de esta comunicación, está previsto utilizar datos de cámaras de video instaladas en las salas de órdenes.
Mezclar cuestiones de seguridad y mantenimiento técnico en una larga lista de verificación conduce inevitablemente a una pérdida de atención por parte del trabajador. El ponente examina en detalle el enfoque para crear listas de verificación específicas basadas en la evaluación de riesgos prioritarios utilizando el método «Bowtie» (Corbata de lazo). Esto permite verificar barreras de seguridad específicas, en lugar de simplemente completar documentos formalmente.
Cuando el sistema BBS se implementa en todas partes y se transfiere a un formato electrónico, lo que pasa a primer plano no es la cantidad de auditorías realizadas, sino su calidad. La introducción de nuevas métricas, como la relación entre los actos y condiciones inseguras identificadas y el número total de conversaciones mantenidas, ayuda a evaluar la participación real de los gerentes de línea y la eficacia de su comunicación con los trabajadores.
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