Históricamente, en muchas empresas de producción se da la situación en la que el cumplimiento del plan y la garantía de la seguridad se encuentran en lados opuestos de la balanza. La producción necesita ganar dinero y entregar volúmenes, mientras que el servicio HSE debe preservar la vida y la salud de las personas. En su presentación, Irina Kosukhina, especialista principal en el desarrollo de herramientas HSE de Lebedinsky GOK (empresa Metalloinvest), analiza cómo encontrar el punto de equilibrio en el que la producción segura se convierte en sinónimo de eficiencia.
La ponente muestra, con el ejemplo de su empresa, la evolución del papel del especialista HSE. Anteriormente, el proceso tenía un carácter reactivo: el especialista realizaba una ronda, registraba una infracción, implementaba una medida correctiva temporal y luego el ciclo se repetía. Hoy en día, el enfoque se ha desplazado hacia la proactividad: identificar los riesgos antes de que provoquen un incidente. Esto requiere un enfoque diferente: clasificar los riesgos por grado de criticidad, realizar un análisis profundo de las causas raíz y desarrollar medidas preventivas que excluyan la repetición de situaciones peligrosas.
Para la transición a un modelo proactivo no basta con cambiar las instrucciones; se necesita una plataforma para debatir abiertamente cuestiones críticas. En la empresa, los Comités de Cultura de Seguridad se han convertido en dicha plataforma. Es una herramienta de comunicación bidireccional que permite transmitir decisiones estratégicas de arriba hacia abajo y, al mismo tiempo, elevar problemas complejos desde los departamentos estructurales hasta el nivel de la alta dirección.
Un detalle crucial que subraya la ponente: los comités no son dirigidos por especialistas HSE, sino por los jefes de los departamentos estructurales y talleres. El especialista HSE actúa como moderador y asistente. Esto cambia radicalmente la actitud de la gerencia de línea hacia las cuestiones de seguridad, convirtiéndolos en propietarios de pleno derecho del proceso.
El trabajo del comité está estrictamente estructurado e incluye el análisis del cumplimiento de decisiones anteriores, el examen de las circunstancias de incidentes recientes, la evaluación de la situación actual y la discusión de barreras. Sin embargo, el elemento clave, especialmente a nivel de la alta dirección, es la visita a las instalaciones de producción.
Las discusiones de oficina se complementan con rondas de línea, donde los directivos ven los problemas con sus propios ojos y se comunican con el personal. La práctica demuestra que a menudo son los propios trabajadores quienes proponen las soluciones más precisas y eficaces para eliminar por completo un riesgo específico. Durante estas rondas también se intercambian mejores prácticas y se premia a los empleados más involucrados en cuestiones de seguridad.
Cualquier herramienta implementada requiere medir su eficacia. Para evaluar el trabajo de los propios comités, se han desarrollado listas de verificación especiales. El moderador (especialista HSE) evalúa la realización de cada comité según una serie de criterios, lo que permite generar estadísticas objetivas y ver la dinámica de desarrollo de cada departamento.
A partir de estos datos, se proporciona retroalimentación correctiva a los directivos. Su objetivo no es castigar por puntuaciones bajas, sino destacar las áreas de crecimiento y ayudar al directivo a mejorar sus habilidades de gestión de la seguridad.
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