La transición a un enfoque basado en riesgos requiere criterios de evaluación claros. En su presentación, Nikita Wildt analiza el caso de la empresa AKKERMANN CEMENT sobre la implementación de un sistema de gestión de riesgos en un nuevo activo con un entorno sociocultural diferente. El ponente muestra que el compromiso no es un concepto abstracto, sino un indicador medible. Para un inicio exitoso, cada empleado debe conocer los objetivos de la empresa en materia de seguridad, dominar el algoritmo de acciones al detectar un peligro y saber formular un riesgo de manera que sea comprensible para sus colegas.
El cambio fundamental en la mentalidad de los trabajadores ocurre al separar los conceptos del pasado (incidentes y defectos que ya han sucedido) y del futuro probable (riesgos que se pueden gestionar mediante la creación de barreras). La práctica de «cazas de riesgos» regulares con la integración de teoría y visitas al sitio permitió multiplicar la cantidad de amenazas registradas. Sin embargo, la identificación es solo el primer paso. La métrica clave de eficiencia fue la proporción de riesgos eliminados. El objetivo establecido del 75% refleja el equilibrio real entre las medidas correctivas operativas y los proyectos a largo plazo que requieren importantes gastos de capital.
La adaptación de los estándares corporativos en activos extranjeros a menudo se enfrenta a la falta de un marco legislativo habitual y a una mentalidad diferente. En este caso, el motor del cambio fue la institución de la familia. La participación de los familiares y niños de los empleados en eventos de capacitación permitió formar un compromiso sólido con el comportamiento seguro. La transmisión de reglas básicas a través del cuidado de los seres queridos ayudó a superar la resistencia y a hacer del uso del EPP una elección consciente de los trabajadores.
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