Si le pregunta a cualquier persona: "¿Con qué comienza el HSE?", sin duda escuchará: "Con la inducción". De hecho, es precisamente con la inducción inicial que comienza el empleo en cualquier organización.
Sí, la legislación establece la obligatoriedad de realizar inducciones a los trabajadores. Sin embargo, el aspecto psicológico de estas sesiones juega un papel fundamental.
Es muy común encontrarse con situaciones en las que se imparte una inducción a los trabajadores, pero estos no aprenden prácticamente nada nuevo. Por esta razón, la inducción suele percibirse como una formalidad, un ritual necesario antes de empezar a trabajar o asumir un cargo.
Una de las causas de esta situación es que, a menudo, los especialistas en HSE tienen prisa y opinan que lo importante es impartir "al menos algo" al trabajador. La lógica es simple: si no hay inducción y ocurre un accidente, se iniciará una investigación seria.
Y resulta mucho más sencillo deslindarse de la responsabilidad alegando que existe la firma del trabajador y que la culpa es suya.
En realidad, la inducción es necesaria para que el trabajador comprenda cómo sus acciones pueden afectar su entorno y pueda evaluar oportunamente los riesgos en su labor.
Para lograrlo, es vital que la inducción sea de calidad e interesante.
Una manera de lograr una inducción de calidad es a través de su contenido. Una inducción redactada estrictamente según documentos normativos, cargada de tecnicismos y descripciones detalladas de procesos, solo provoca una cosa en el trabajador: sueño.
La inducción no tiene como objetivo enseñar los requisitos técnicos de la profesión. El trabajador ya sabe cómo realizar su labor.
Lo que necesitamos es que el trabajador realice su labor de forma segura.
Por ello, al estructurar la inducción, es necesario explicar claramente la relación causa-efecto entre las acciones (o inacciones) del trabajador y lo que podría suceder, así como de qué manera.
El segundo factor, no menos importante, es la forma en que el especialista imparte la inducción. Contar con una oratoria fluida y profesional facilita enormemente la tarea de transmitir la información.
Si el especialista en HSE no domina la información, lee un papel, se distrae constantemente y omite fragmentos enteros del texto, el trabajador se llevará la impresión de que "aquí a nadie le importa el HSE"… por triste que suene.
En cambio, si el especialista en HSE está realmente interesado en cumplir su objetivo, puede convencer fácilmente incluso al escéptico más empedernido en temas de HSE.
Sin embargo, por muy interesante que sea la inducción, con el tiempo los conocimientos se debilitan. Por eso, la legislación prevé la realización de inducciones periódicas.
Según las estadísticas mundiales de accidentabilidad, existen dos categorías de trabajadores para quienes las inducciones periódicas son cruciales.
La primera categoría son los trabajadores de mayor edad o aquellos que llevan mucho tiempo en la empresa. Su regla no escrita es: "Lo he hecho así cien veces y nunca pasó nada". En el historial de lesiones de estos trabajadores, el mayor peligro reside en la habituación al factor de riesgo presente en el lugar de trabajo.
La segunda categoría son los trabajadores jóvenes. Un empleado joven aún no conoce a fondo los equipos ni los procesos.
En general, las inducciones periódicas tienen como objetivo "sacudir" a la persona, recordándole una vez más que trabaja en un entorno peligroso y que, en cualquier momento, puede ocurrir un accidente si no está atento. Lo principal es abordar este tema con responsabilidad y comprendiendo las particularidades de cómo los trabajadores perciben la información.