Según la opinión del destacado científico E. Hollnagel, expuesta en su libro «The ETTO Principle: Efficiency-Thoroughness Trade-Off», la causa principal de las infracciones conscientes de las normas es el compromiso entre eficiencia y seguridad. Es difícil no estar de acuerdo con su opinión.
El descuido de la rigurosidad en el seguimiento de las normas e instrucciones en favor de cumplir las tareas de producción a tiempo y con el menor coste, especialmente ante la falta de recursos (tiempo, dinero, personal, herramientas, etc.), es una práctica común en muchas organizaciones. Al resolver tareas productivas y cotidianas, el ser humano tiende a elegir la eficiencia en detrimento de la rigurosidad en la evaluación de los riesgos de lesiones, el desarrollo y cumplimiento de medidas para reducirlos, así como en detrimento del seguimiento minucioso de las normas de seguridad industrial. Esto se manifiesta especialmente ante cambios bruscos en la realidad circundante, la aparición de otras tareas paralelas y la presión por los plazos y recursos.
En la gran mayoría de los casos, esta táctica de comportamiento produce un resultado positivo. Permite ahorrar tiempo y recursos, demostrando así su eficacia a corto plazo. De este modo, se consolida en la organización una determinada cultura de producción respecto a la seguridad y el cumplimiento de las instrucciones. Sin embargo, a veces el resultado es catastrófico. Y a largo plazo, el descuido de la rigurosidad en el seguimiento de las normas e instrucciones, incluidas las de seguridad, muestra una baja eficacia.
A diferencia de una persona, la organización puede separar las funciones de producción y el control de la rigurosidad en el cumplimiento de las normas de seguridad industrial. Asimismo, la dirección de la organización puede implementar de arriba hacia abajo la prioridad de la rigurosidad en el cumplimiento de las normas de seguridad mediante la implementación y el desarrollo de una cultura de seguridad. La implementación y el desarrollo de la cultura de seguridad solo son posibles en caso de compromiso de los propietarios o de la alta dirección de la organización con esta tarea, y requerirán de su implicación personal, así como de la asignación de los recursos necesarios.
¿Por qué la implementación de una cultura de seguridad es la herramienta más fiable para la prevención de lesiones a largo plazo? La cultura en la que vivimos determina qué comportamiento nos resulta atractivo. Tendemos a mantener hábitos de comportamiento aprobados y recompensados por nuestra cultura debido a nuestro fuerte deseo de encajar y pertenecer a la tribu. El ser humano es un ser social. Nuestros antepasados sobrevivieron en grupos y tribus durante decenas de milenios, por lo que la necesidad de cumplir con las normas del grupo existe en las personas a nivel de ADN. Ser aceptado por el grupo o la tribu es lo más valioso para la mayoría de las personas. El individuo adquiere aquellos hábitos de comportamiento que se consideran normales en la cultura del colectivo al que se une. Es difícil mantener constantemente un comportamiento positivo en un entorno negativo, y lo contrario también es cierto: solo unos pocos son capaces de mantener un comportamiento negativo en un entorno positivo. La idea central es crear en la organización un entorno donde seguir un comportamiento seguro sea fácil y beneficioso, y donde infringir las normas de seguridad o comportarse de forma inadecuada sea lo más difícil y desagradable posible.
Dado que tendemos a imitar los hábitos de comportamiento de tres sociales grupos: los cercanos, la mayoría y los que ostentan el poder (aquellos con estatus y prestigio), es muy importante cómo se comporta la alta dirección de la empresa respecto a la seguridad y salud en el trabajo. El compromiso de la alta dirección con la prioridad del valor de la vida humana y la preservación de la salud de los empleados debe demostrarse y ser comprensible para todos. Para ello sirve la Declaración de Valores. También, para demostrar la importancia del tema para el alto directivo, se deben discutir los asuntos de seguridad al inicio de las reuniones de producción.
Al implementar una cultura de seguridad corporativa, es importante crear en la producción una atmósfera de confianza en la que se anime e incluso se recompense a las personas por comunicar información importante sobre seguridad, pero en la que también esté claramente trazada la línea entre el comportamiento aceptable e inaceptable. Este límite puede fijarse en una especie de «mandamientos» — «reglas de oro de seguridad», cuyo incumplimiento debe conllevar un «castigo». Una regla fundamental para cambiar el comportamiento en la organización es: lo que se recompensa de inmediato, se repite; lo que se castiga de inmediato, se evita. Todos los empleados deben estar informados de que la violación consciente de las reglas de oro conlleva el despido de la empresa. Si el directivo o los auditores detectan infracciones de las reglas de oro de seguridad, el trabajo debe detenerse y el infractor debe ser objeto de una sanción disciplinaria, que puede llegar hasta el despido. Porque, lamentablemente, la importancia de las normas en el colectivo se valora en proporción al castigo por su incumplimiento.
El dolor es un maestro eficaz. Si un error causa dolor, se corrige. Si un error es relativamente indoloro, se ignora. Cuanto más inmediato es el dolor, menos probable es que se repita ese comportamiento. El comportamiento cambia solo si el castigo es lo suficientemente doloroso. Otra forma de desarrollar y consolidar el comportamiento requerido es reforzar el buen comportamiento con una recompensa inmediata. Inculcar en la cultura corporativa la comprensión y aceptación de las normas de comportamiento seguro permitirá reducir significativamente el número de infracciones conscientes y, en consecuencia, de lesiones.