La cultura de seguridad ha dejado de ser un conjunto estático de reglas y se ha convertido en una materia cambiante que requiere atención y ajustes constantes. En el contexto del desarrollo activo de nuevos negocios y la afluencia de personal joven, como ocurre en la división de combustible de TVEL (Rosatom), la formación de una actitud consciente hacia la seguridad se convierte en una tarea estratégica. El director del departamento de la empresa TVEL, Vyacheslav Kozlov, subraya que un sistema de control estricto falla en cuanto se debilita la supervisión. El verdadero objetivo es alcanzar un nivel de conciencia en el que cada trabajador, desde el personal de línea hasta la alta dirección, sienta una responsabilidad personal por la ejecución segura de las tareas.
Dado que la cultura no se puede medir con instrumentos convencionales, se necesitan herramientas de evaluación estructuradas. En la presentación se examina en detalle un enfoque basado en las normas del OIEA. Inicialmente solo se utilizaban cuestionarios y grupos focales, pero desde 2021 las herramientas se han ampliado a cinco elementos:
El ponente muestra con un ejemplo que el aumento del número de herramientas multiplica el volumen de hechos que requieren análisis. Esto hace que la formación de los grupos de trabajo sea de vital importancia: los expertos deben saber registrar los hechos de forma imparcial, separando el comportamiento visible de los valores y actitudes subyacentes que requieren corrección.
La autoevaluación es una herramienta poderosa, pero conlleva el riesgo de la subjetividad: la empresa siempre quiere verse mejor a sus propios ojos. Por lo tanto, la evaluación externa se convierte en una etapa importante. Actualmente, TVEL recurre a expertos del sector que utilizan una metodología similar. Sin embargo, el ponente analiza la perspectiva de una evaluación intersectorial: la participación de especialistas de otros campos (por ejemplo, la metalurgia o el sector del petróleo y el gas). Esta visión independiente puede revelar puntos ciegos y ofrecer soluciones innovadoras para el desarrollo futuro.
La transición de un nivel participativo a uno proactivo de cultura de seguridad requiere la participación activa de todas las categorías de trabajadores. La práctica muestra una alta participación de la alta dirección, pero a nivel de los gerentes de línea surge el problema de la falta de tiempo: a menudo solo les queda entre un 4 y un 6% de su tiempo de trabajo para cuestiones de seguridad. La solución a este problema requiere formación en habilidades de planificación y establecimiento de prioridades. Al mismo tiempo, las iniciativas desde abajo, como el concurso de proyectos sobre cultura de comportamiento seguro, demuestran el alto potencial de los empleados de base, dispuestos a asumir responsabilidades con el apoyo adecuado de la dirección.
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