El desarrollo de la cultura de seguridad en la producción requiere pasar del control formal a la participación consciente de directivos y empleados. La presentación examina en detalle la experiencia de la empresa "OTEKO" en la transformación del sistema de motivación y fijación de objetivos. El ponente muestra con un ejemplo cómo la transición de indicadores reactivos (como el LTIFR) a una evaluación integral permite no solo reducir los accidentes, sino también cambiar la actitud hacia la seguridad en todos los niveles de gestión.
Al inicio del proyecto en 2022, la empresa se enfrentó a problemas típicos: la responsabilidad de la seguridad recaía completamente en el departamento de HSE, los directivos solo se involucraban en incidentes graves y solo se investigaban los casos con daños significativos. Como KPI principal se utilizaba el indicador LTIFR. Para cambiar la situación, se desarrolló una hoja de ruta que incluía la implementación de auditorías de seguridad, la transparencia del sistema de registro de incidentes y el registro de accidentes domésticos.
Para una gestión eficaz del cambio, se requirió una plataforma digital unificada. La implementación de un sistema automatizado de gestión de seguridad (ASUB) permitió estandarizar los procesos y recopilar estadísticas fiables. Sobre la base de estos datos, se desarrollaron 11 indicadores clave, divididos en reactivos (relación "más es peor") y proactivos (relación "más es mejor").
El ponente analiza el proceso de creación de un indicador integrado: el "Pulso de la cultura de seguridad". Para cada uno de los 11 parámetros, se desarrolló una escala de diez puntos con valores umbral. Esto permitió equilibrar el peso de los indicadores reactivos y proactivos (50/50), dando a los directivos la oportunidad de compensar caídas menores en la zona reactiva mediante una alta actividad en la proactiva (por ejemplo, auditorías de alta calidad o eliminación oportuna de condiciones peligrosas).
El proceso de implementación del nuevo KPI requirió un esfuerzo significativo para explicar la metodología e involucrar a los directivos. Un factor clave de éxito fue el apoyo de la alta dirección y la transparencia de los cálculos. La transición de la percepción de "son sus objetivos" a "son mis objetivos" tomó alrededor de seis meses.
Los resultados tras 8 meses de trabajo con el nuevo indicador son impresionantes: más del 80% de los directivos participan en las auditorías, el número de condiciones peligrosas identificadas ha crecido exponencialmente y la puntualidad de su eliminación alcanzó el 98%. El registro de incidentes aumentó un 20%, lo que indica una creciente confianza en el sistema. También se registró una reducción en la generación de residuos y emisiones.
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