Estamos acostumbrados a oír y repetir que la seguridad es la «prioridad n.º 1» e incluso un «valor» de la empresa. Pero quitémonos las gafas de color de rosa.
Las prioridades cambian rápido cuando arde el plan de producción o aprietan las restricciones del presupuesto. Y los valores, por desgracia, se cambian, se compran y se venden si lo exigen la coyuntura o una crisis que se acerca.
Sin embargo, ¿pueden la vida y la salud de las personas ser objeto de compromiso o de regateo?
Asumir este axioma abre el camino a una transformación real de la cultura de seguridad en la empresa.
Una cultura de seguridad eficaz no necesita declarar valores.
La seguridad es una lucha continua por las mentes y los corazones de las personas.
La tarea principal consiste en que directivos y trabajadores empiecen a ver en los demás a sus propios seres queridos, y no a ejecutores abstractos, «engranajes» y «recursos».
Para transformar la cultura con éxito es críticamente importante que ese desarrollo se inicie en el nivel más alto de la dirección. Eso es lo que lo impulsa por toda la estructura de la organización.
Pero no hace falta esperar la iniciativa «desde arriba»: la seguridad es una calle de doble sentido.
Cada uno de nosotros puede empezar esos cambios ahora mismo, a su alrededor, en su propio puesto de trabajo.
Hace falta poco: algo más de atención, cierta dosis de constancia y mucha paciencia.
Qué hacer y cómo se sabe de sobra:
Como ve, todo es sencillo: no se requieren hazañas heroicas.
Solo queda una pregunta: ¿qué está usted personalmente dispuesto a hacer por la seguridad?

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