La participación de un gran número de contratistas — hasta 20.000 personas simultáneamente en la fase de construcción de nuevas unidades de energía — requiere una revisión de los enfoques clásicos de HSE. El modelo reactivo, basado exclusivamente en el control de las condiciones de trabajo y la respuesta a incidentes, agota su eficacia, especialmente cuando un día de inactividad por infracciones genera pérdidas multimillonarias. En su presentación, Lilia Kutergina examina en detalle la transición de la central nuclear de Novovorónezh hacia un sistema proactivo de interacción con los contratistas, donde el principio clave es un estándar único: el personal desplazado debe cumplir los mismos requisitos de seguridad que los empleados de la planta.
Para sincronizar los requisitos, la planta implementó un sistema de evaluación rápida del estado de seguridad. Incluye 24 indicadores con un peso total de 100 puntos, lo que permite evaluar objetivamente hacia dónde se dirige la empresa contratista y qué recursos le faltan.
Un elemento importante del sistema han sido las rondas conjuntas de los altos directivos: el director de la planta y el contratista general. No se trata de simples visitas formales, sino de una herramienta para identificar áreas problemáticas y replicar prácticas positivas. Las decisiones tomadas al más alto nivel se consolidan mediante órdenes y se transmiten para su ejecución a través de vínculos horizontales, garantizando una comprensión común de las tareas por parte de todos los participantes del proceso.
La posesión de certificados formales por parte del contratista no garantiza un comportamiento seguro en el sitio. Para eliminar riesgos, la ponente muestra con un ejemplo la implementación de las formaciones de «Seguridad consciente» para el personal de línea. Los especialistas del departamento de HSE actúan como auditores internos y formadores.
La formación ha pasado de ser conferencias áridas a formatos interactivos. Por ejemplo, a través de un juego de construcción de una torre, las brigadas comprenden en la práctica cómo la falta de evaluación de riesgos conduce a la destrucción de la estructura. Este enfoque enseña a los gerentes de línea no solo a exigir formalmente el uso de EPP, sino a llevar a cabo sesiones informativas específicas, concisas y efectivas, con énfasis en los peligros concretos del lugar de trabajo.
El proceso de evaluación de riesgos está integrado en todas las etapas de interacción, desde la documentación de licitación hasta la finalización de los trabajos. Para la autorización de trabajos, se ha desarrollado un método rápido de identificación de peligros utilizando tarjetas visuales de lugares de trabajo específicos. La práctica de habilidades se consolida a través de un procedimiento de autorización demostrativa, donde se verifica la capacidad real de la brigada para identificar y minimizar riesgos.
Para una respuesta rápida a las desviaciones durante los trabajos, se utilizan plataformas digitales. Permiten registrar el hecho de una infracción o condición peligrosa, tras lo cual el sistema transmite una señal al registro de peligros y calcula el nivel de riesgo para la toma de decisiones gerenciales.
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