En la industria moderna, la seguridad ha dejado de ser responsabilidad exclusiva de los especialistas del sector. Se está convirtiendo en una parte integral de la cultura de gestión. Andrey Protasov, jefe de desarrollo y mejora de la eficiencia de HSE en el Grupo Ilim, comparte su experiencia en la transformación de directivos en líderes de seguridad. Este proceso se basa en comprender que cualquier inversión en tecnología y equipos no tendrá el máximo efecto sin la participación del personal y un cambio de actitud hacia la seguridad en todos los niveles.
El ponente analiza la estructura del sistema de producción global (GMS), donde la seguridad ocupa el primer lugar entre los elementos de gestión. Se hace especial hincapié en los «líderes de primera línea» (supervisores directos) que interactúan a diario con los trabajadores. Son ellos quienes tienen la máxima influencia en el comportamiento de sus subordinados, a diferencia de la alta dirección, cuyo impacto directo en los procesos diarios es limitado. Al involucrar a estos supervisores, la empresa transmite a los trabajadores normas y reglas claras de comportamiento seguro.
La presentación examina en detalle el proceso de implementación del curso original de Paul Balmert. Una etapa importante fue la profunda adaptación del programa a la mentalidad regional y las características culturales. La empresa preparó a sus propios formadores internos, que no solo transmiten conocimientos, sino que también actúan como mentores. El proceso de formación se estructura por etapas: desde la preparación de la alta dirección y las sesiones de orientación hasta un curso intensivo de dos días, seis meses de apoyo en el lugar de trabajo y la certificación final.
El ponente muestra, mediante herramientas específicas, cómo un directivo puede influir eficazmente en la cultura de seguridad. Uno de los métodos clave es el uso del «momento de alta influencia». Se trata de situaciones (por ejemplo, el primer día de trabajo, un incidente o un cuasi accidente cercano) en las que el trabajador es más receptivo a la información. La reacción correcta del supervisor en esos momentos permite consolidar las actitudes necesarias. También se debate el formato de reuniones «pregunta, no digas», destinado a involucrar a los empleados en el diálogo y fomentar una actitud consciente hacia las normas.
La implementación del programa ya está dando resultados tangibles: algunos equipos superan la marca de 1000 días sin accidentes, y las estadísticas generales de siniestralidad muestran un descenso constante. El objetivo global de la empresa es crear una cultura en la que el cumplimiento de las normas de seguridad se base en la confianza y la conciencia del valor de la vida, y no en el control formal. La gestión del personal a través de la gestión de la seguridad se convierte en una habilidad universal de un directivo eficaz.
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